En Saeming Sebaldt von Werth levanta una visión grandiosa y polémica del porvenir humano: una humanidad llamada a regenerarse desde sus raíces vitales, espirituales, científicas y comunitarias. El libro se organiza como una semana doctrinal cuyos capítulos atraviesan la nueva siembra, la unión nupcial, el pueblo teutónico, el bien común, la ciencia verdadera, el arte nuevo y la divinidad creadora. Desde paisajes alpinos, símbolos solares, ecos de la Edda y una confianza casi profética en la renovación cultural, la obra imagina el advenimiento de una edad futura donde naturaleza, técnica, educación, amor, arte y religión vuelven a integrarse bajo una misma ley de fecundidad. Es un texto de utopía esotérica, vitalismo germánico y mística de la creación: extraño, intenso, visionario, atravesado por el deseo de fundar un mundo nuevo.